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Showing posts from November, 2024

Rezos y plegarias a San Trump

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Siguiendo la tradición mexicana de lidiar con las penas con humor, les comparto unas oraciones al santo que NO es de mi devoción. Conforme se me ocurran más, las agregaré a la colección. Y si es santo de su devoción, de una vez les pido perdón: Oración al Santo de los trácalas San Trump, San Trump apiádate de mí que quiero robar un banco y llevarme unos cien mil Oración por protección: Trump, Santo Patrono de los delinquentes, intercede por mí para que no me encuentren. Te imploro, Santo de los mentirosos, que no me crezca la nariz como a Pinocho. Trump, Santo de los mujeriegos, líbrame de esposos celosos y concédeme mis antojos Oración de gratitud Santo Patrono de los insurreccionistas sin causa, te agradecemos de antemano, antes de que llegues a la Casa Blanca, que perdones nuestros muchos pecados, pues en tu nombre santo los hemos perpetrado.  Prometemos, en agradecimiento, cuales discípulos consagrados y ciegos seguidores infatuados, que te seremos fieles hasta la ...

El boleto

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  El boleto Karina Araujo se despertó triste, más triste que nunca. Pasó al baño, se mojó la cara y el cabello, se lavó los dientes y se puso la misma ropa del día anterior. Agarró su mochila y salió de su departamento. A esa hora, su madre y la mayoría de los vecinos seguían dormidos. Salió del edificio y se encaminó hacia la estación del metro Tlatelolco. Los andadores de la unidad habitacional todavía estaban prácticamente vacíos, salvo por los barrenderos que cada mañana madrugaban para darle un aspecto más respetable a la vieja unidad. En cuestión de una hora, no obstante, se convertirían en un hormiguero por el que una multitud de hombres, mujeres y niños se desplazaba en todas direcciones. Karina entró a la estación y compró dos boletos, uno para la ida y otro para el regreso, aunque no estaba segura de querer regresar. Bajó al andén y esperó el próximo tren rodeada de desconocidos y de gente a quienes ya consideraba sus conocidos a fuerza de la rutina. Allá estaba “...

Elsa Grau

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El hombre del muelle despertó, se desperezó, recogió el periódico que le había servido de almohada y se echó a andar. Elsa Grau, mientras tanto, flotaba sostenida por una ráfaga vertical de aire y miraba desde arriba las calles estrechas de la ciudad, como en busca de algo. No sentía miedo. Vio a una mujer que empujaba una carriola con un niño de unos cuatro años que dormía. El hombre del muelle se había detenido a saludar a la señora. En eso, Elsa escuchó un gruñido: el lobo que había visto apenas hace unos minutos corría hacía ella con las fauces abiertas. Elsa aceleró el vuelo; sí, ¡estaba volando!   El cielo parecía una cartulina negra y lo único que se alcanzaba a ver era un aro de fuego, como los que usan en los circos para que pasen por ahí las fieras. El lobo se detuvo. El fuego le daba miedo. Elsa no tenía otra forma de escapar más que pasando por el aro. Se armó de valor, cerró los ojos y se lanzó. Cuando los abrió, ya estaba del otro lado, en un sitio solead...