Posts

Showing posts from December, 2024

Isabel Carrasco

Image
“Lo que traigo puesto es una tristeza”, contestó Isabel con un tono lastimero cuando su tía le preguntó si ya se había puesto el camisón. La tía Dolores ya estaba acostumbrada a los dramas de Isabel y siempre respondía con una mezcla de exasperación y cariño. “Si no te lo pones dentro de un minuto, ¡voy a subir a ponértelo yo!”, le gritó desde el pasillo mientras iba y venía terminando los quehaceres pendientes. —De verdad estoy triste, tía Dolores. ¡No estoy haciendo teatro! ¡Nadie me entiende! —Niña, lo que tú quieres no es posible, ya lo sabes, hasta que tu papá regrese y te dé permiso. —Pero ¡tía...! —No hay pero que valga La mujer entró al cuarto, confirmó que Isabel se estaba poniendo el camisón y apagó la luz sin hacer más caso a las protestas. Los dramas de Isabel siempre empeoraban cuando su padre salía de viaje. Cuando él estaba, la niña no insistía. Sabía muy bien que cuando su padre decía “no” era "no". En la oscuridad del cuarto, Isabel ...

La esposa de Job

Image
  El aire estaba frío —lógico, era pleno invierno—, pero este era un frío distinto, era un frío de morgue. Su hijo, su amado hijo, había muerto apenas hace diez días, y el frío y su ausencia le calaban los huesos; no dejaba de temblar. Su esposo guardaba silencio; se levantaba en las mañanas, preparaba el café y se sentaba a leer el periódico. A veces lo veía con los ojos cerrados, en aparente oración. Parecía inmutable. ¿Acaso no tenía sentimientos?   El dolor había erigido un muro entre ellos y no sabían cómo derrumbarlo, o escalarlo, para poder acompañarse. Ella sentía que las paredes la aplastaban, que le faltaba el aire. ¿Y él? ¿Él qué sentía? Las lágrimas de ella corrían al menor descuido, como esa mañana. Él permanecía estoico. Fue ella quien rompió el silencio... —¿Por qué insistes en aparentar que estás conforme? ¡No te creo!  —¡Los planes y tiempos de Dios son perfectos, Raquel! Ya habíamos hablado de esto... —¿De verdad crees eso? ¿De verdad cr...

La esposa de Job

Image
  El aire estaba frío —lógico, era pleno invierno—, pero este era un frío distinto, era un frío de morgue. Su hijo, su amado hijo, había muerto apenas hace diez días, y el frío y su ausencia le calaban los huesos; no dejaba de temblar. Su esposo guardaba silencio; se levantaba en las mañanas, preparaba el café y se sentaba a leer el periódico. A veces lo veía con los ojos cerrados, en aparente oración. Parecía inmutable. ¿Acaso no tenía sentimientos?   El dolor había erigido un muro entre ellos y no sabían cómo derrumbarlo, o escalarlo, para poder acompañarse. Ella sentía que las paredes la aplastaban, que le faltaba el aire. ¿Y él? ¿Él qué sentía? Las lágrimas de ella corrían al menor descuido, como esa mañana. Él permanecía estoico. Fue ella quien rompió el silencio... —¿Por qué insistes en aparentar que estás conforme? ¡No te creo!  —¡Los planes y tiempos de Dios son perfectos, Raquel! Ya habíamos hablado de esto... —¿De verdad crees eso? ¿De verdad cree...