Isabel Carrasco
“Lo que traigo puesto es una tristeza”, contestó Isabel con un tono lastimero cuando su tía le preguntó si ya se había puesto el camisón. La tía Dolores ya estaba acostumbrada a los dramas de Isabel y siempre respondía con una mezcla de exasperación y cariño. “Si no te lo pones dentro de un minuto, ¡voy a subir a ponértelo yo!”, le gritó desde el pasillo mientras iba y venía terminando los quehaceres pendientes. —De verdad estoy triste, tía Dolores. ¡No estoy haciendo teatro! ¡Nadie me entiende! —Niña, lo que tú quieres no es posible, ya lo sabes, hasta que tu papá regrese y te dé permiso. —Pero ¡tía...! —No hay pero que valga La mujer entró al cuarto, confirmó que Isabel se estaba poniendo el camisón y apagó la luz sin hacer más caso a las protestas. Los dramas de Isabel siempre empeoraban cuando su padre salía de viaje. Cuando él estaba, la niña no insistía. Sabía muy bien que cuando su padre decía “no” era "no". En la oscuridad del cuarto, Isabel ...