Blanca Moreno (creación de un personaje a partir del nombre)


Blanca Moreno era una mujer de contrastes. Aunque tenía ya 27 años, sus escasos metro y medio de altura, talla menuda, piel blanca, expresión risueña y larga trenza de cabello negro la hacían verse como una jovencita de unos 16. Sus amigos de la iglesia la bromeaban que en ese cuerpecito que Dios le había dado había depositado una potente boombox, porque cantaba como si fuera una negra grandota y rolliza sacada de alguna película gringa. Su voz grave y potente eran la envidia de todos los del coro.

Blanca era también una caja de sorpresas. Nadie podía creer que había sido monja por unos cuantos años después de terminar la prepa. Era tan amiguera, parlanchina y bailadora que nadie podía imaginarla encerrada en un convento, haciendo oración quién sabe cuántas veces al día y guardando silencio como parte de las disciplinas espirituales. Todos se llevaban la sorpresa de su vida cuando se enteraban de que practicaba el karate y que era cinta negra. En su departamento tenía un librero entero lleno de trofeos. No solo había ganado en las competencias de katas, sino también en las de combate. Sin embargo, lo más sorprendente, lo que verdaderamente dejaba a todo el mundo con el ojo cuadrado, era que se dedicaba a doble de cine.

—Ay, Blanca, ¿no te da miedo?

—Algo, pero es más fuerte la emoción que el temor.

Su nueva aventura, la más osada en opinión de muchos, es que había comenzado a practicar el parkour. Y cuando Blanca se proponía algo, nunca lo hacía a medias. Sus amigos sabían que Blanca se metería de lleno en ese peligroso deporte, le echaría todos los kilos y conseguiría estar entre las mejores.

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