Ideas dispares: la lluvia y tocar el piano
El pianista Tlaloc se dispone a tocarnos una pieza. Comienza con un chispear de notas quedas que apenas mojan el pavimento. Luego, en un arrebato de emoción, se mece sobre el piano de tierra tal cual rama soplada por el viento. Su rostro resplandece como cuando el sol se asoma y hace brillar los charcos. Se inspira y toma aire. El crescendo de notas augura una tormenta. Sus manos ágiles, fuertes y veloces hacen tronar las teclas y cimbran las ventanas del recinto llamado Cielo. Y así como empezó el concierto, acaba. Y ahora comienzan a lloviznar los aplausos.
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