Una joven y un trigal (ejercicio a partir de una fotografía)
Ejercicio 1
La joven
estaba harta de la ciudad de concreto, de las multitudes y del tráfico
interminable. Quería, cuando menos una vez en su vida, conocer lo que era la
paz total: en lugar de edificios, ver un cielo abierto salpicado de nubes blanca
y no grises; en lugar de oleadas de personas cruzando las calles, ver vacas u
ovejas pastando; en lugar del claxon de los autos y el rugir de los motores,
oír el canto de los pájaros, de los grillos y las lechuzas, y en lugar del
alumbrado público, ver las estrellas.
No le dijo a
nadie que se iría a vagar. Ni siquiera avisó que faltaría al trabajo. “Al
diablo con el trabajo. Si me quieren correr, que me corran”. Como si se tratara
de una travesura, se soltó a reír, sacó un bolso del clóset y empezó a juntar
algunas provisiones: cuatro botellas de agua, tres manzanas, tres bolsitas de
cacahuates, una cachucha, unas gafas de sol, dinero, un bolígrafo, un cuaderno
y una cobija ligera. Si le agarraba la noche, ni modo. No le importaba si tenía
que dormir a la intemperie, o si tenía que pedir un aventón al siguiente pueblo
tras tanto caminar (porque no se iba a llevar el carro; si quería disfrutar del
campo, tendría que hacerlo todo lo más sencillamente posible). Quería
despojarse de la mujer que era desde hace varios años: profesionista, ejecutiva
de una compañía de renombre de inteligencia artificial, siempre ocupada. Quería
volverse, aunque fuera temporalmente, en una mujer sin títulos ni credenciales,
unida a la tierra, el aire, el agua y – ¿por qué no? — también al
fuego. Agarró entonces una cajita de cerillos y un periódico de hace días
y los echó al bolso, por si acaso.
Le cruzó por
la mente que era una imprudencia de su parte no informarle a nadie de sus
planes. ¿Pero que no la sencillez, la paz, consisten también en el silencio?
Las voces humanas contribuían a la cacofonía y el caos de la ciudad. Para
avisarle a alguien, tenía que agarrar el teléfono y oír su propia voz y la de
su interlocutor. “No. Si alguien se preocupa porque no aparecí en la oficina,
que me venga a buscar al departamento. Dejaré una nota en la puerta: ‘No estoy.
Me fui de pinta. ¿Dónde? Todavía no sé. Espero regresar en dos días. Si no, ni
modo. Eso me pasa por impulsiva’”.
Tomó un taxi a la terminal de autobuses a
las cuatro de la mañana del día siguiente para aprovechar al máximo las horas
de luz. Se fijó en la lista de poblados en zonas rurales con servicio de
autobús. Checó en Google la población y las características de cada uno y
escogió y compró un
boleto para Sleepy, North Dakota. Si el pueblito era en verdad como su nombre
lo describía, esa noche dormiría feliz.
Sleepy, North
Dakota
Condado de
Slope
Población: 15
personas
Paisaje
bioclimático: Pradera
Industria:
Agrícola (trigo, soya, maíz)
Esa misma tarde
caminaría entre los trigales hasta que el dorado del atardecer se tornara en
oscuridad.
Ejercicio 1
Continuación
El autobús la dejó en
el camino de terracería a las afueras del poblado de Sleepy, North Dakota. Ya
eran cerca de las cuatro de la tarde. El día estaba fresco y el sol hacía que
los trigales brillaran como si fueran de oro. Todo era cultivos a su alrededor.
A lo lejos, a una media milla calculaba ella, se veía un granero rojo y una
casa blanca. Y aún más allá, otra propiedad parcialmente cubierta por una
pequeña arboleda. “En esas dos casas han de vivir las 15 personas empadronadas
en Sleepy”, dijo con una sonrisa. “Justo lo que quería.”
Respiró hondo el aire
limpio y se dispuso a caminar. Estaba entumida por el viaje y tenía deseos de llegar
hasta el arroyo que había localizado gracias a Google Maps. Empezó a caminar
hacia el poniente disfrutando del calor del sol e hipnotizada por el movimiento
ondulado de los trigales. El viento hacía bailar al trigo con un bamboleo
invitador y sereno.
A su paso, salió
disparado uno que otro conejo de cola blanca y una parvada de pájaros emprendió
el vuelo no sin antes darle un regaño musicalizado por invadir el territorio
ajeno. “Tranquilos. No vengo a atraparlos. Quiero ser libre como ustedes”.


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