Una situación absurda: La vecina
Abro el cajón del pan y ¿qué me encuentro?: ¡otra vez la vecina! La muy sinvergüenza no ha dejado de espiarme y tratar de controlarme. Desde que estudió nutrición y se percató de que yo, su vecino desde hace años, subí mucho de peso durante la pandemia, no quita el dedo del renglón: “Yo te estimo mucho y no voy a permitir que te mates lentamente. No, señor. Cuando decidí estudiar dietética, juré comenzar por meter en cintura a los de mi casa, luego a los de al lado, luego al resto de la cuadra, hasta adelgazar a todo el vecindario”.
Me acecha desde hace
semanas. Se asoma por la ventana cuando estoy asando carne en el patio. Me
sigue al supermercado y dizque se topa conmigo y empieza a hurgar en mi carrito
de compras: “Esto, sí. Esto, no. Esto, sí. Esto, no. Esto, sí. Esto, no”. Poco
a poco ha empezado a aparecer por todos lados. Me está volviendo loco. Si estoy
cortando el césped y tengo un refresco en la mano, viene, me lo quita y me da
una botella de agua. Si me ve acostado en la hamaca comiéndome unas papas,
viene y me las cambia por zanahorias. He llegado al grado de salir solamente de
noche, ya muy tarde, cuando la vecina tiene que estar dormida. Pero, para
colmo, ¡he comenzado a soñar con ella! En mis sueños, la veo parada a mi lado
mientras cocino; sentada a la mesa conmigo contando el número de mis bocados;
cerciorándose de que mi leche sea descremada. Una tarde, incluso, (y este no ha
sido un sueño) mientras meneaba yo la sopa de letras para que se enfriara un
poco, vi cómo las letras se ponían en orden y formaban las palabras dieta, calorías y panza.
¡No lo podía creer! ¡Esto ya era el colmo de mi obsesión y el principio de mi
locura! ¿Qué más podía pasar? ¡Pues esto!: ¡abrir el cajón del pan y
encontrarme una tarjeta de presentación de la vecina!:
Severa Gordillo
Nutricionista
Consultas a domicilio
Resultados
garantizados
Y escrito a mano: “La
primera consulta es gratis para usted, vecino”.
Comments
Post a Comment